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El proceso de la reencarnación

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Antes de empezar a explicar el proceso reencarnatorio, es necesario saber qué es el espíritu y qué es la encarnación.

El espíritu es un ser que fue creado simple e ignorante dotado de una conciencia y de la capacidad de elección de sus actos. Es un ser inmortal, poseedor de la eternidad y que intercala períodos en la espiritualidad con períodos encarnados hasta que tenga conocimientos necesarios para poder seguir evolucionando en mundos menos materiales. Su creación tiene como objetivo su evolución, debido a la Ley del Progreso en todos los campos de la sabiduría moral e intelectual,  eso significa, hasta la perfección.

La encarnación es el período en que el espíritu se encuentra en un medio material, lo que comúnmente llamamos “vida” con un cuerpo de carne y hueso, donde sus sentidos están impresionados por esta materia y bajo su influencia. En ese período el espíritu experimentará diferentes situaciones en la vida, tanto de bienestar y de tranquilidad, como de aflicción y de sufrimiento. Esas diferentes situaciones promoverán conocimientos que le beneficiarán en su formación.

La encarnación no debe ser vista solamente como una forma de regeneración para espíritus muy transgresores de las Leyes Morales, sino también como un medio natural de evolución, por lo tanto, todos los espíritus sin excepción pasan por ella. Esto significa que, espíritus que hayan desarrollado mucho la inteligencia en algún aspecto, necesiten aprender a sedimentar y a experimentar conocimientos fraternales hacia el prójimo; mientras otros espíritus que sean virtuosos en lo tocante a los sentimientos nobles necesiten desarrollar la mente en el sentido  intelectual. No obstante, hay una gran mayoría de espíritus entre estos dos extremos, no poseyendo destacables conocimientos o cualidades muy desarrolladas tanto en lo intelectual como en lo moral.
El objetivo de la encarnación es hacer que el espíritu obtenga, a través de una nueva oportunidad de empezar, múltiples conocimientos y aprendizajes. El espectro de las adquisiciones que debe almacenar es amplio, porque debemos tener dominio de todas las ciencias del saber y todos los valores nobles que engrandecen el alma. Por lo tanto y por lógica el control de todos esos campos no se puede conseguir en un espacio de tiempo corto de algunos años, son necesarios para adquirir todo ese conocimiento innumerables vidas materiales, porque el verdadero valor del hombre está en encontrar y dirigir sus valores íntimos adquiriendo el auto-control de sus emociones y sentimientos.
Regreso a la vida corporal:
Los espíritus vuelven, pues, sistemáticamente a la carne, para seguir su camino evolutivo hasta llegar al nivel exigido en moralidad y en intelectualidad. Por eso se concluye que todos nosotros somos seres milenarios, que hemos vivido muchas veces y aún reencarnaremos innúmeras más, perfeccionándonos poco a poco en todas las aptitudes que nos cabe desarrollar.
El período de vida en la Tierra es relativo. La vida puede durar más o menos años y obedece a  las necesidades de aprendizaje que trae cada espíritu individualmente desde el mundo espiritual.
Para eso Dios nos ha ofrecido un modo de adelantamiento: la encarnación, donde la conducta de los espíritus será puesta a prueba en varias tesituras y tendrá la oportunidad de espiar faltas del pasado. Así será hasta que el espíritu alcance el nivel mínimo aceptable antes de abandonar la experiencia de la encarnación en mundos materiales y que le permita vivir en mundos más adelantados donde no esté sujeto a las necesidades físicas. Una vez que el espíritu ya haya aprendido todo en lo tocante a su desarrollo en ese planeta, sigue su camino en otros mundos más adelantados.
Cuando un espíritu se equivoca en determinada actitud, ese error es una enseñanza y un medio de aprendizaje en que el espíritu sufre las consecuencias de no seguir el camino correcto de amor. Estas lecciones, así como las acertadas, en que el espíritu reafirma su postura en el bien, se quedan almacenadas en el inconsciente del individuo. Esa fuente de conocimientos que el espíritu adquiere por el error y acierto le llevará a renovarse evento tras evento vivido, buscando actuar bien y mejor, siguiendo la conducta intelecto-moral correcta.
La oportunidad de un nuevo comienzo viene marcada por una condición básica, el espíritu al encarnar se ve sujeto al olvido temporal de su pasado. ¿Para qué sirve el olvido temporal? El olvido es una bendición ofertada por Dios a los espíritus para permitirles empezar de cero, sin los recuerdos conflictivos o cualquier remordimiento pasado. Mayoritariamente somos réprobos de sus Leyes. Si volvemos la mirada hacia atrás, podemos constatar que el pasado del hombre es sombrío, la historia de la Humanidad es un escenario de disputas, crímenes y batallas. Aunque no solamente nos han pasado desgracias, nuestro pretérito es delictuoso en su gran parte. Somos nosotros mismos los espíritus que hemos vivido antes y la Misericordia Divina es tan sublime que a través de ese mecanismo maravilloso podemos recomenzar, utilizando una nueva oportunidad para acertar. Cada espíritu tiene un historial de experiencias de vidas anteriores con aciertos y equivocaciones conforme haya procedido en sus elecciones mientras estaba encarnado.

Ese proceso del olvido temporal en el que se corre un velo que cubre los recuerdos pasados sirve para que en su tiempo de vida en la Tierra, el espíritu ejerza sus conductas y cualidades adquiridas a través de nuevas situaciones que le presente la vida, adquiera virtudes, reformule valores, avanzando intelectual y moralmente, corrigiendo malas tendencias arraigadas en su ser. Es importante saber que cada ser espiritual es único, individual y absolutamente responsable por sus actos.
Pues bien, ¿antes de encarnar qué sucede?
Cuando el espíritu está desencarnado decimos que se encuentra en la erraticidad, término que designa el tiempo de estancia de un espíritu en la vida verdadera, la espiritual. El espíritu en la erraticidad piensa y obra por su libre voluntad. En ese momento el espíritu puede estar en diferentes niveles de conciencia, puede tener pleno ejercicio de sus facultades, estar en una situación de paz, de armonía, entre amigos y familiares queridos o puede encontrarse sumergido en sus pensamientos, envueltos en sus problemas, sufrimientos, sintiéndose solo y abandonado, pero en realidad junto a compañías infelices, sin capacidad de decisión.
Ese período en la erraticidad es relativo, condicionado a muchos factores, entre ellos, por ejemplo, tener que esperar que otros espíritus estén en condiciones de encarnar de nuevo en el plano físico para reparar faltas conjuntamente. También, por ejemplo,  puede verse obligado a aguardar el tiempo necesario a que alcance tener la lucidez mental y emocional necesarias para consolidar propósitos de renovación.
¿El espíritu solamente aprende cuando está encarnado?
No, en la erraticidad el espíritu puede seguir aprendiendo, tomando firmes resoluciones en el bien y en la intención de aciertos futuros, arrepintiéndose si se ha equivocado y haciendo propósitos de seguimiento de las Leyes Morales. Otra situación en que se puede encontrar, es que se alegra si ha sabido llevar bien su encarnación anterior y si supo cumplir con sus objetivos. En cualquier caso, no puede huir de la Ley de Progreso, aprenderá siempre.
Pero el espíritu sabe que es mediante la encarnación, bajo los parámetros citados anteriormente del olvido temporal y bajo la ilusión de la materia, donde se demuestran realmente las elecciones tomadas en la erraticidad y pone en práctica las resoluciones probando las resistencias a las tentaciones de la carne, siendo que, todas las caídas que puede traer el espíritu de vidas pasadas son campo fértil de mejoramiento.
Un atributo inherente del espíritu, que le pertenece desde su creación, es el poder de elección: lo que llamamos libre albedrío. Recordad que fue creado simple e ignorante con una conciencia que contiene las Leyes Morales y con el poder de tomar decisiones. Cuando tenga un nivel de lúcida conciencia de sus actos pretéritos, el espíritu es quien decide sus pruebas y expiaciones participando de forma activa en la toma de decisiones de su propia encarnación. Sabe lo que debe hacer para progresar, para poder saldar sus deudas frente a las Leyes de Dios.
Por lo tanto la encarnación obedece a reglas básicas para todos los seres sin excepción, pero se puede decir que en el proceso se suma un factor individual, ya que cada espíritu va a pasar por pruebas y expiaciones de acuerdo a su necesidad de adelanto.   Hay, sin embargo, aquellos que, teniendo una situación enfermiza, un estado alterado de conciencia, que no poseen condiciones mentales de utilizar su libre albedrío, deben obedecer y acatar las elecciones que toman por ellos algunos tutores espirituales, tal como en la Tierra cuando una persona se ve privada temporalmente de su facultades de decisión, como pueden ser los enfermos mentales.
Todo el proceso de la encarnación es un proyecto magnífico donde participan varios espíritus elevados, que buscan ayudar al espíritu reencarnante. Ese grupo de espíritus benevolentes apoyan al aspirante a la victoria para que tenga en la eminente nueva oportunidad de vida el mayor éxito posible. Por lo tanto, un equipo espiritual ayuda en la planificación y orientación del espíritu. Ese grupo está siempre informado de las decisiones tomadas por el encarnante mientras esté en la vida material.
Sin embargo, se designa un espíritu guía que acompañará al encarnante durante toda la vida en la Tierra y muchas veces le sigue durante varias vidas. Ese espíritu guía es siempre de una condición moral superior al del ser encarnante para poder guiarlo e instruirlo en el bien. Es importante sopesar que siempre la persona tendrá compañías espirituales, acorde a sus pensamientos, por lo tanto nunca estará realmente solo.
Debemos considerar que, por ejemplo, en una casa donde viven varias personas, unidas por lazos de familia o no (que puede, sean simpatizantes entre sí), convivirán varios espíritus que acompañarán la trayectoria de esas personas que viven bajo el mismo techo. Los espíritus nos influyen para bien o para mal, conforme nosotros permitamos con nuestros pensamientos y acciones, resistiendo a sus consejos o siguiéndolos.
Una vez decidido el tipo de pruebas que el espíritu va a pasar y se va aproximando el momento de la reencarnación, éste empieza a sentir de una forma progresiva lo que llamamos turbación (que se asemeja al sueño que tenemos diariamente por las noches), que se acentúa cada vez más, paulatinamente. 
La turbación pre-encarnación es generalmente de mayor intensidad que la turbación pos-encarnación. Esto ocurre porque el espíritu deja la vida verdadera para entrar en la materia, que es una vida corta comparándola con la eternidad del espíritu. La turbación pos-encarnación suele ser más breve porque el espíritu vuelve a su mundo originario, a la vida real. Decimos que suele ser más corta porque ese tiempo de turbación es condicionado a otros factores, tal como la forma de vida que llevó el espíritu durante su estancia en la Tierra, si llevó una vida de búsqueda de valores intelectivos y sentimentales, es más breve o por el contrario, una vida de exclusiva satisfacción de sus placeres, será más duradera.
La turbación pre-encarnación sirve para que el espíritu vaya perdiendo los recuerdos del pasado, normalmente delictivo y que su periespíritu (lazo que une el espíritu al cuerpo), vaya disminuyendo, para poder acoplarse al cuerpo del bebé. Ese acoplamiento es de célula a célula y la unión del periespíritu al cuerpo se hace definitiva en el momento del nacimiento.
Momento de la fecundación:
En el instante del acto sexual, si los futuros padres se encuentran en un estado de buenos sentimientos y llevan una vida recta, los espíritus superiores que ayudan al futuro espíritu reencarnante, respetan la intimidad de la pareja aguardando algunos segundos después del acto sexual, para poder acercarse y efectuar la ligación del espíritu al cigoto de la madre. Un hogar donde reine la armonía, el respeto y el amor entre sus componentes,

donde se estudia el evangelio, es un hogar protegido de malas influencias por los buenos espíritus.
Si, por el contrario, los futuros padres no poseen un comportamiento moral elevado y se permiten excesos y desvíos, actuando con promiscuidad, puede ocurrir que en el momento del acto sexual haya espíritus inferiores presenciando la acción y complaciéndose con ella.
En el momento de la fecundación, el espíritu aspirante al nuevo cuerpo que empieza a formarse, se imanta magnéticamente al espermatozoide del hombre obedeciendo al comando de la voluntad, atrayendo al que mejores características físicas e intelectuales le proporcionará a su futura encarnación. Caso no pueda hacerlo, por diferentes motivos, como puede ser una conciencia desajustada, le ayudará el equipo espiritual. De ahí, por ejemplo, niños que tienen una  deformación congénita teniendo unos padres sanos o padres con pocos conocimientos que tienen un hijo que se destaca por su inteligencia y precocidad.
El equipo espiritual que asiste a la noble misión procede a la ligación del espíritu con el huevo materno, creando un vínculo, un lazo de unión fluídico, aún débil, pero que existe. Ese lazo es frágil y se va estrechando lentamente conforme van pasando los meses de gestación.
El lazo indica que hay un espíritu desde el primer momento, asignado a aquel cuerpo en formación. No se puede substraer la vida de ese ser, sin estar cometiendo una transgresión a las Leyes de Dios. La encarnación, o sea, la comúnmente vida es una dádiva que permite al ser la oportunidad de crecimiento y ajuste de sus faltas. El aborto provocado es pues un crimen indignante porque impide la oportunidad de reparación y crecimiento de un espíritu, debe ser evitado y rechazado con toda la rotundidad.
Durante el embarazo, el cuerpo del feto se alimenta, se mueve y crece, los movimientos que podemos observar en el en una ecografía bidimensional o tridimensional son reflejos de una vida animal y vegetal, derivados de nuestras épocas ancestrales. El espíritu no está dentro del cuerpo de la futura mamá, pero se encuentra ligado a él por el lazo fluídico. Cuando el bebé llora, después del parto indica que el espíritu ya se encuentra entre los encarnados indiscutiblemente y su acoplamiento es definitivo.
Período infantil:
La turbación no cesa en el instante del nacimiento, por el contrario persiste por algún tiempo. En los años siguientes de crecimiento del bebé, en el período de la infancia, el espíritu conserva esa turbación, que se va disipando despacio a lo largo del desarrollo del niño.
El infante, en sus primeros años, debe adquirir capacidades motoras, de inteligencia, interactuar con el medio material para poder más adelante tomar decisiones en su vida de adulto. La función de la turbación en esa fase infantil es permitir un nuevo aprendizaje.
En esa época, que puede durar más o menos siete años (como debemos saber, ese tiempo es relativo conforme al desarrollo de cada uno), el niño es susceptible a la influencia de los padres o tutores. Su personalidad es muy maleable, pudiendo absorber muchos conocimientos en varios aspectos, porque es más propicio a la asimilación de los principios educativos, donde las nociones morales vividas en el Evangelio junto al ejemplo de los sagrados deberes de la vida deberían ser enseñadas en el seno donde vive.
Es inmensa la responsabilidad de los progenitores o tutores en ese momento. Es de fundamental importancia que los padres sean conscientes de sus deberes y obligaciones para con el hijo, porque el niño absorberá lo que le enseñen, siendo un deber importantísimo de los padres o tutores la correcta educación moral e intelectual del niño, esforzándose para hacer del pequeño un individuo de bien, con valores morales. Si los padres fallan, por no dar al niño  las enseñanzas morales correctas, tendrán que responder a eso y sufrirán en el mundo espiritual las caídas del hijo, sintiéndose responsables.
La infancia es también una época de descanso para el espíritu y en ella el niño debe ir asumiendo poco a poco sus facultades inherentes, debe ir asimilando las condiciones físicas y mentales para desarrollar su encarnación con éxito.
En ese momento infantil, las decisiones tomadas por un niño son proporcionales a sus necesidades básicas y sus sueños son pueriles. Él va adquiriendo paulatinamente el control de su libre albedrío, cuando empieza a tomar pequeñas decisiones.
Período juvenil:
Cuando llega la edad adolescente, esa edad de rebeldía a la que se refieren muchos padres, el espíritu se va mostrando tal como es, se transparenta su verdadero carácter  y desvela algunas veces, facetas de su personalidad escondidas hasta entonces.
Podemos observar que el olvido del pasado no es del todo absoluto en la encarnación, ya que en ese período se puede ver claramente en las inclinaciones de cada uno reminiscencias de vidas pasadas, en la manera de relacionarse con el medio en que se encuentra el espíritu encarnado, así como en las tendencias en hacer el bien o dejarse llevar por los impulsos  viciosos que la sociedad ofrece.

Período adulto:
En la edad adulta el hombre ya posee todas las herramientas para decidir, actuar y resolver qué caminos tomar, qué opciones elegir para sí mismo con total responsabilidad de sus actos. La ignorancia de su destino y del motivo de su presencia en la Tierra puede ser atenuante de las faltas que cometa pero no exime de la culpabilidad de ellas.
Sabiendo, pues, el motivo de la encarnación, elegir una vida sana, de aprendizaje, de trabajo honesto, aprovechando el tiempo en enriquecerse moral e intelectualmente, practicando la caridad con uno mismo y con los demás, debería ser el objetivo prioritario a conseguir.
Es importante, en la fase adulta, direccionar las verdaderas adquisiciones para construir un futuro para sí mismo mejor teniendo ciencia de que la vida es transitoria en la Tierra y que el hombre volverá a su estado de espíritu, tarde o temprano. A pesar de los sentidos humanos percibieren solamente las impresiones que la materia densa permite, el hombre debe hacer un esfuerzo decidido en adquirir bienes eternos y perecederos, aquellos que constituirán su verdadero patrimonio y que serán su legítima adquisición cuando su cuerpo alcance la  decrepitud de sus órganos. Todas las acciones relevantes tomadas durante la vida tendrán consecuencias positivas o negativas para el espíritu en su vida póstuma.

Momento de la partida:
El término de la jornada en la Tierra es también el espíritu quien lo decide, quien elige antes de la encarnación lo que quiere para sí, mayormente, cuando tiene condiciones para ello. Esas condiciones son entre otras, la lucidez mental, el equilibrio emocional y el dominio de la voluntad.
Como siempre es la conducta del individuo mientras encarnado que determinará la presencia de espíritus que ayuden en la desencarnación, si el espíritu que deja la Tierra ha tenido un comportamiento correcto de aprendizaje, de auto-iluminación, de crecimiento interior y práctica de la caridad tendrá por merecimiento la presencia de espíritus familiares, amigos o espíritus encargados de hacer esa noble labor con Amor.

Si la persona ha tenido un comportamiento de falta de respeto a las Leyes Morales, de fomento de discordias, odios y crímenes tendrá las presencias en ese instante de entidades afines a él, espíritus menos evolucionados le aguardarán el regreso. Los lazos de esa persona estarán más unidos al cuerpo y sufrirá las consecuencias de sus propios actos, en el momento del desligamiento, ya que estando muy apegado a la materia sentirá las necesidades materiales, a veces por largo tiempo, de cuando estaba entre los vivos.
El desligamiento definitivo del lazo fluídico, lo que llamamos comúnmente muerte, indica que el hombre deja la Tierra y entra otra vez en el mundo espiritual, el mundo incorpóreo.
Hay diferentes tipos de desencarnaciones, dependientes de varios factores: unas dulces,  tranquilas y rápidas; otras lentas y convalecientes; otras aún precipitadas. Hay personas que llegan al mundo espiritual en condiciones lamentables.
Pero algunos hechos pueden alterar esa elección, como es el caso de una persona que se desvía tanto de sus compromisos asumidos en la espiritualidad,  dejándose llevar por pasiones, vicios y rebeldía. En ese caso, es mejor rescatarla de sus enredos y anticipar su regreso al mundo espiritual para evitar mayores prejuicios para ella (si siguiera con su conducta iría agravando y perjudicando más su futuro). Es, en ese caso, el equipo espiritual que acompaña la encarnación el encargado de tomar esta decisión, siempre velando por el bienestar del encarnado.

 A menudo, cuando la persona está enferma y tiene una convalecencia larga, siente que los lazos que le atan al cuerpo se van difuminando y eso le hace entrever su regreso al mundo espiritual. En ese período de enfermedad el espíritu puede empezar a llevar sus pensamientos hacia atrás, reviviendo su vida, haciendo balance de sus actos, comprometiéndose a cambiar. Es por eso que la eutanasia es considerada un crimen, porque se acorta ese tiempo de reflexión que muchas veces es necesario al espíritu en vías de desencarnación. Puede ver modificado en esos instantes patogénicos su estado íntimo, sus aspiraciones para con la vida y buscar una aproximación legítima con Dios. Podremos pensar que hacemos un favor aliviando al enfermo, quitándole sufrimiento, pero en realidad los designios Divinos son insondables para nosotros.
Retorno al mundo espiritual:
Después de la muerte, el espíritu entra otra vez en estado de turbación proporcional al entendimiento de las verdades espirituales y a su comportamiento en la encarnación.
Si el espíritu ha dedicado tiempo al cumplimiento de sus deberes morales e intelectivos, si ha pensado en la muerte y si se ha preparado para ella, la turbación será corta. No obstante, si se dejó llevar por el materialismo y el egoísmo, la turbación puede llevar días, meses o años.
Por lo tanto, después de la desencarnación, el espíritu vuelve a estar en la erraticidad, en la vida verdadera del espíritu y encontrará allí un lugar para vivir, de acuerdo con sus pensamientos. Puede ir a habitar en una esfera donde esté en paz, en armonía y en tranquilidad, como ir a un sitio oscuro y triste, de sufrimiento y penurias. En el mundo espiritual los espíritus se agrupan por afinidad de pensamientos, intenciones y objetivos.

Todo depende, por lo tanto, cuando el espíritu vuelva al estado errante de la conducta y preparación durante la encarnación, sus actos y la lucidez espiritual serán el reflejo de su condición conflictiva o de paz.  Cuanto más sabe más se hace responsable de sus actos. Dios fuente perenne de toda la vida, justo y misericordioso vela por sus hijos valorando los esfuerzos e iniciativas de la criatura en mejorarse y el bien practicado en auxilio al prójimo. Él, con sus leyes, atenúa al máximo los desvíos cometidos por el hombre pero cada uno tendrá que corregirse y avanzar.

Cuando en la erraticidad, esperará una nueva oportunidad para reencarnar siguiendo el camino evolutivo destinado a todos, obedeciendo a la ley de reencarnación y progreso hasta que alcance las condiciones exigidas para no pertenecer más a un mundo material.

Por lo tanto es fundamental que aprovechemos la oportunidad de dominar el corazón, guiar los impulsos y orientar las tendencias rumbo la evolución sublime de los sentimientos.
El intelectualismo es necesario para el crecimiento del hombre en múltiplos aspectos sobre el orbe terrestre, pero la moral es el núcleo valeroso más importante de las energías evolutivas y que el hombre debe buscar alcanzar.

Es crucial no perder la oportunidad que tenemos ahora, porque luego hay que esperar que todas las circunstancias se den nuevamente para poder arreglar las cosas que dejamos atrás, pediremos nuevas probaciones purificadoras para rescate de errores y faltas cometidos hoy derivados del divorcio de los sentimientos nobles.

FUENTE: El Ángel del bien
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